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Juan Manuel Sánchez Gordillo

“EL DESARROLLO DE ANDALUCÍA ES DIFÍCILMENTE POSIBLE SI NO SE TIENE EN CUENTA EL TEMA DE LA TIERRA Y EL DE LA AGROINDUSTRIA ”

  El acalde de Marinaleda dio una charla en el Moneo, dentro del ciclo de las “II Jornadas de sostenibilidad” organizadas por la Coordinadora La Región de Murcia no se Vende.

  Diego Jiménez. Murcia / 14-12-2006

Marinaleda es un pueblo sevillano de unos 3.000 habitantes, próximo a Écija, la que llaman ‘la sartén de Andalucía'. Este pequeño municipio es el paradigma de la lucha de los jornaleros del campo andaluz contra la secular estructura de la propiedad de la tierra, heredada de la Edad Media , cuando los reyes castellanos compensaron a las Órdenes Militares y a la nobleza con tierras, a cambio de los favores militares que éstas les prestaron para la reconquista de todo el Valle del Guadalquivir a los titulares de los reinos de taifas.

Marinaleda es un islote rodeado de grandes propiedades de la nobleza más rancia, la del duque del Infantado y la duquesa de Medinasidonia. Pero la tenacidad, la lucha de todo un pueblo, sobre todo de las mujeres, lograron arrancar de las propiedades del primero unas 1.200 hectáreas , convertidas en regadío, hoy la ‘Finca Humosa'. A partir de la puesta en regadío de esas tierras, en virtud de la aplicación vecinal sobre ellas de la ‘Ley de fincas manifiestamente mejorables', brotaron por el pueblo industrias de transformación de los productos agrarios (berenjenas, pimientos, pimientos del piquillo…), cooperativas controladas y gestionadas por los propios agricultores, que han generado riqueza en un pueblo condenado, desde siempre, a ver partir lo más granado de la juventud hacia la emigración. Hoy Marinaleda atrae trabajo de los pueblos próximos en épocas de recolección y manipulado de productos para su comercialización. El pueblo tiene pleno empleo.

Pero no sólo eso. El Ayuntamiento de la localidad, en manos del CUT, partido actualmente integrado en Izquierda Unida, pero surgido del Sindicato de Obreros del Campo (SOC), ampliamente mayoritario en el campo andaluz, practica la auténtica democracia participativa, con presupuestos elaborados en asambleas vecinales. La asamblea es el órgano popular que traslada sus decisiones a los munícipes y éstos no tienen reparo alguno, sino todo lo contrario, en aprobar los acuerdos que vienen de las bases vecinales. Marinaleda, además, mima la cultura, el ocio y la diversión de sus vecinos, y ha puesto en marcha, en el campo educativo, una red de escuelas infantiles, que incluyen comedor, al módico precio de 12 € mensuales.

Y en Marinaleda el problema de la vivienda no es tal. El Ayuntamiento se hizo con suelo público, que cede gratuitamente a los peticionarios de vivienda. Solares que disponen de todas las infraestructuras precisas (conexión de agua, electricidad, red de alcantarillado…) son entregados a los vecinos, que construyen sus propias viviendas constituidos en autoconstructores. Quien no pueda o no sepa abordar este tema puede pagar los costes de la mano de obra necesaria. Pero eso es lo único. Luego, finalizadas las casas, que son iguales de tamaño y prestaciones (unos 90 m2 . construidos, tres habitaciones, baño y patio), el vecino propietario pagará una pequeña aportación al Ayuntamiento para compensar la inversión municipal en las infraestructuras de ese bien básico y fundamental. Hoy el Ayuntamiento se está planteando discutir con el vecindario que, en un futuro, se dé el usufructo de la vivienda, pero no el acceso a la propiedad. Y es que en Marinaleda son refractarios al concepto de propiedad, que “puede hacer aflorar los sentimientos egoístas burgueses de la ciudadanía”, según Sánchez Gordillo, su alcalde. La deriva comunitaria de este pueblo andaluz alcanza tales proporciones que, hoy, el debate es constituir a Marinaleda en una ‘comuna', tal como la concibieran aquellos socialistas utópicos y los anarquistas del siglo XIX.

Ésta es la experiencia de un pequeño, pero singular, municipio andaluz que nos contó su alcalde, Juan Manuel Sánchez Gordillo , un profesor de secundaria que nos confesó que ni él ni sus concejales están liberados para las tareas municipales. De hecho, sigue dando sus clases de Historia en el instituto de la localidad. Sánchez Gordillo es el paradigma de aquellos andaluces que creyeron firmemente en la perenne reivindicación mesiánica de ‘la tierra para el que la trabaja'. Es menudo, gesticula constantemente, bromea con los episodios más serios. Y eso logra captar la atención de un auditorio, capaz de estar oyéndole más de una hora sin parpadear. Su gracejo sevillano, además, contagia un halo de simpatía y calidez que le hacen más próximo al que le escucha.

Sánchez Gordillo estuvo en Murcia, el pasado día 14, invitado por la Coordinadora Murcia no se Vende, en el contexto de las II Jornadas de Sostenibilidad organizadas por este colectivo. Al final, concluida la charla, lo abordamos en entrevista antes de partir para la cena.

Pregunta: Eres alcalde por el CUT, partido que has dicho surgió del Sindicato de Obreros del Campo, pero te conocemos en el ámbito de Izquierda Unida. ¿Estáis integrados dentro de Izquierda Unida?

  Sánchez Gordillo: Para las municipales nos presentamos integrados en Izquierda Unida. Tenemos algunas dificultades dentro de esa formación política, básicamente roces con las gentes del PCE y por el tema nacionalista, pues nos definimos nacionalistas de izquierda. Tenemos distancias, pero estamos dentro, porque estamos cubiertos frente al PSOE, “que lo barre todo”. Como militantes del CUT, con independencia, pero dentro de IU.

  PR.: Has hablado de la reforma agraria, tremendo tema que expresa en Andalucía, como en ningún otro lugar, el perenne irredentismo del hambre de tierras. ¿Sigue siendo vigente la reivindicación, hoy, de esa reforma agraria impulsada en el bienio social-azañista de la II República Española, pero abortada, en gran parte, por el bienio negro (1933-1935)?

S.G.: Totalmente. Es imprescindible. Yo creo que el desarrollo de Andalucía difícilmente es posible si no se tiene en cuenta el tema de la tierra y el de la agro industria. Hace falta una reforma agraria que afecte a la propiedad de la tierra (en Andalucía, el 2% de los propietarios posee el 50% de las fincas);también, que apueste por los canales de comercialización, en manos de los terratenientes y de las multinacionales; que apueste por la agricultura ecológica; por la agro industria como una forma de crear empleo y valor añadido a la agricultura; que impulse bancos de semillas para que se investigue sobre éstas en función de las necesidades de los campesinos; una reforma agraria que cuente con un banco público que invierta en el mundo rural para lograr una reforma global. Y sobre todo hace falta que Andalucía, y en general toda la agricultura mediterránea, pida a voz en grito una reforma profunda de la política agraria comunitaria (PAC), pues con la actual política agrícola claramente neoliberal no hay salida para la agricultura mediterránea. Es necesario impulsar la ‘soberanía alimentaria', en el ámbito andaluz y en todo el planeta, para que los pueblos definan su propia política agraria y agro industrial, una de las claves que se está reivindicando en todo el mundo, y que sería una alternativa al modelo neoliberal que está concentrando la propiedad de la tierra, las semillas y el agua en todas las partes del mundo, lo que está provocando la emigración del campo a la ciudad y la emigración de los países pobres hacia los más desarrollados. Por tanto, la reforma agraria, hoy, mantiene toda su vigencia.

  PR.: Aunque ya has comentado algo de esto en la charla que acabamos de oírte, ¿el modelo de un pequeño municipio de 3.000 habitantes, como Marinaleda, podría ser extrapolable a municipios más poblados, al menos en lo que toca a la propiedad del suelo, es decir, la posible y necesaria municipalización del suelo? ¿No sería ésta la fórmula para resolver el problema de la vivienda, el de su carestía y el de la especulación con un bien tan fundamental?

S.G.: Creo que hacen falta dos leyes. Una, la de financiación de las haciendas locales, para que los ayuntamientos salgan de la bancarrota. Es decir, los ayuntamientos, en su día, asumieron más competencias de las que podían y no les han dado los dineros para abordar esas competencias. Por lo tanto, los ayuntamientos están esperando a que alguien les ofrezca alguna ventaja.

Segunda cuestión: una ley del suelo que diga que todo el suelo que se urbaniza, todo el suelo rústico que pase a ser urbanizable en un pueblo o ciudad, se hace público y se le entrega al que necesite una vivienda. Porque el suelo no tiene que ser un negocio, sino un derecho de la comunidad. Creo que, para eso, no hace falta ninguna revolución, ni que la gente vuelva a tomar el Palacio de Invierno; lo que hace falta es sentido común y sentido ético de la política. Si los partidos y las organizaciones de izquierda fueran responsables y conscientes de que los bienes naturales han de estar al servicio de las personas, este problema, el de la vivienda, se solucionaría con un simple decreto.

  PR.: Retomando el tema de la financiación municipal, ¿qué opinas de la Banca ? El gran debate de la izquierda, aquí y sobre todo en Europa, ha sido el de la nacionalización o no de la Banca , porque las líneas de crédito para experiencias municipales como la vuestra deberían estar bajo control más democrático, ¿no es así?

S.G.: Creo que hace falta una nacionalización de la Banca , que se creen bancos públicos para que inviertan allí donde se inhibe la iniciativa privada; para el desarrollo de zonas que no son rentables económicamente, pero que son imprescindibles, social o ecológicamente. Por tanto, hace falta otra mentalidad. Mientras que el valor supremo del sistema sea el beneficio, este mundo no tiene solución y este modelo de desarrollo no va a cambiar. Hace falta que éste cambie, porque el actual está acabando con la ‘nave' en que vivimos, el planeta Tierra. El recurso dinero ha de tener una finalidad diferente.

  PR.: ¿Crees, por tanto, que la izquierda habría de ser más valiente y apostar claramente por la nacionalización de la Banca ?

 

S.G.: Efectivamente. Uno de los capítulos menos sociales, más terribles y más leoninos es precisamente el del capital financiero.

  PR.: Y para terminar, una cuestión: ¿Es posible la Utopía ?

S.G.: Yo creo que la Utopía es como el aire y como al agua, imprescindible para la vida. Creo que sin Utopía la vida no tiene sentido, por lo que la existencia humana ha de ir acompañada siempre de un punto de Utopía. Y las gentes que vemos que este sistema es absolutamente inasumible desde el punto de vista racional y humanitario tenemos que rebelarnos contra este sistema. Tenemos que conjugar en todos sus tiempos el verbo ‘subvertir', para dar lugar a otro Mundo, porque yo sí creo profundamente que OTRO MUNDO ES POSIBLE, si nos lo proponemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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