Los restos arqueológicos de San Esteban: Destruir, conservar, engañar y hacer el ridículo
Destruir (diccionario María Moliner): Convertir una cosa en pedazos o hacerla desaparecer por el fuego, desgastándola, etc.
Ujaldón (“Razones para una decisión”; La Verdad, 25-11-09): “la metodología arqueológica es destructiva”.
Sr. Director General de Bellas Artes, hay que dejar muy claro que el grado de “destrucción” en arqueología está en relación directa con el fin que se persigue al hacer la excavación. Si el fin es hacer un parking subterráneo, el proceso de excavación arqueológica irá descubriendo, documentando y destruyendo para continuar descubriendo y documentando porque el objetivo de un aparcamiento es hacer un enorme agujero, es lograr el vacío. Ahora bien, si el fin es conservar un barrio de los siglos XII-XIII, antes y durante el proceso de excavación arqueológica se irá discriminando, eligiendo paso a paso, en qué punto detenerse y en qué punto avanzar (en este caso, los periodos de reflexión son imprescindibles), porque el objetivo de conservar es lograr la permanencia de los restos. De este modo, podría decidirse que conviene dejar una o varias manzanas de viviendas en el momento del siglo XIII por ser muy representativas del mismo, que es razonable bajar algunas calles a cotas del siglo XII para que sean más comprensibles, que es didáctico que sean visibles todas las fases de distribución interior de un palacio para apreciar su evolución, que no hay más remedio que mostrar la etapa del XII de otro palacio porque se conserva en mejor estado, etc. En definitiva, el fin son los medios: si destruir, destructivos; si conservar, conservadores.
Conservar (diccionario María Moliner): Guardar. Mantener. Hacer que dure una cosa, que dure en un sitio o que dure en buen estado.
Cámara (La Verdad, 5-12-09): “El ayuntamiento y el gobierno regional estamos coordinando y colaborando para poner toda la capacidad de gestión y de recursos para la conservación de los restos del yacimiento encontrado”.
Cuando los señores Ujaldón, Cruz y Cámara anuncian en los medios de comunicación que “los restos arqueológicos se conservarán”, no nos engañemos, están proclamando exactamente –apoyados en el informe emitido por la Dirección General de Bellas Artes– que se procederá a desmontar ciertos elementos constructivos que están en su lugar (el 30 % –3000 m²– de las edificaciones e infraestructuras del siglo XIII descubiertas) y que en un futuro volverán a montarse en otro lugar. Los elementos constructivos son muros de mortero, de mortero y tierra, de ladrillo, de tierra, de mampostería; suelos de cal, de ladrillo, de losas de piedra; tabiques de ladrillo, de tierra con o sin enlucidos; canales de ladrillo, canales excavados en la tierra revestidos con yeso o con mortero, etc.
¿Qué pasará con el restante 70 % –7000 m²– de las edificaciones e infraestructuras del siglo XIII y el 100 % –10000 m²– de las existentes del XII bajo aquéllas?
Engañar (diccionario María Moliner): Hacer creer a alguien, con palabras o de cualquier manera, una cosa que no es verdad. Hacer ver una cosa distinta de cómo es.
Ujaldón (“Razones para una decisión”; La Verdad, 25-11-09): “Decir que es el hallazgo más importante del occidente musulmán, en un país como España, que cuenta con la Alhambra, la Mezquita de Córdoba, los Reales Alcázares y, no se nos olvide, Santa Clara en Murcia, es sencilla y llanamente, caer en el ridículo”.
Sr. Director General de Bellas Artes, en la actualidad, el conjunto de San Esteban no tiene parangón en los países ribereños del Mediterráneo: ni por superficie conservada (la cual le confiere un valor de contexto muy significativo), ni por cronología, ni por número de edificaciones ni por variedad y características de las mismas, ni por su localización urbana. Ninguno de los ejemplos que utiliza es válido en este caso: la Alhambra y los Reales Alcázares de Sevilla fueron recintos aislados de las poblaciones; la mezquita de Córdoba y Santa Clara son edificios ajenos al entorno que les rodea. Este tipo de comparaciones, aparte de demostrar desconocimiento, son dañinas y tendenciosas pues persiguen restar valor y silenciar vertientes más positivas y obvias: que Murcia fue una ciudad espléndida en los siglos XII-XIII, casi a la altura de Granada, Córdoba o Sevilla; que Alfonso X la amó tanto que dejó aquí su corazón; que los murcianos no disponemos de más realidades con las que identificarnos que las que aquí se conservan o aquí se construyen. Todos conocemos ejemplos, en otras localidades, de restos arqueológicos de mucha menor entidad que los hallados en San Esteban pero que han sido conservados porque sus vecinos los han valorado. Este tipo de comparaciones también revela un tipo de mentalidad: que fueron otros gobernantes anteriores con un pensamiento en la línea de los actuales los causantes de que no haya llegado hasta nosotros casi nada del esplendor pasado. ¿Qué se puede esperar, entonces, de nuestros responsables políticos sino la desvergüenza de ningunear el escaso patrimonio que nos queda? ¿Qué se puede esperar sino que continúen con el saqueo?
Ridículo (diccionario María Moliner): Involuntariamente cómico; que hace reír burlona o despectivamente.
Y llegamos a la parte humorística. Una vez tomada la decisión (desmontar parte de los restos y volver a montarlos 3 m por encima), se justifica con argumentos técnicos que, uno por uno, han sido rebatidos por técnicos competentes, y lo que es más triste, se añaden otros impropios de personas con titulación superior: que si los murcianos del siglo XIII no caminaban tres metros bajo tierra, sino a ras de suelo (¡igual que los murcianos de hoy, a no ser que estén paseando por el foro de Roma!); que no se trata de mover los restos sino de elevarlos (¿elevar no es mover?); que si los restos se dejan donde están perderían en la oscuridad el sentido espacial de este tipo de construcciones (¡pues que pongan bombillas!); que si se corre el riesgo de que se conviertan en pozos de basura (¡pues que un retén de mantenimiento los mantengan limpios o que se instale una fantástica cubierta!); que dejar los restos al nivel actual sería un peligro para los niños por el desnivel existente en pleno centro de la ciudad (¡pues que vallen adecuadamente el perímetro de la excavación!)...
Políticos de turno: el excepcional hallazgo de San Esteban está confirmado por los especialistas, está siendo aclamado por los ciudadanos, es susceptible de ser amparado por la ley.
Políticos de turno: si para poner en valor los restos arqueológicos, en su lugar y en condiciones, no hay voluntad o dinero (en otros intereses sí se invierte), es fácil conservarlos cubriéndolos de nuevo con tierra y volviendo a crear un hermoso jardín que recuerde a los ciudadanos la riqueza oculta en sus entrañas; así, al menos, se posibilitará a las generaciones futuras su recuperación y disfrute, como establece la ley de Patrimonio Histórico Español.
Políticos de turno: no pierdan ni nos hagan perder más tiempo, recursos y energía. Dense una tregua, recapaciten; la ocasión lo merece. Elijan el fin: vacío o permanencia. Elijan cuanto antes cómo quieren pasar a la historia.